Que todos podamos tener un mal día es algo que ya conocemos, como también lo es que en los que tiempos que corren es más fácil que esto ocurra. Nuestra situación sanitaria, los confinamientos intermitentes, adaptarnos a horarios restringidos, y como eje central, la incertidumbre, nos predisponen a estar más sensibles ante factores potencialmente estresantes.
Cuando esto nos ocurre, lo primero que tenemos que entender es que todos tenemos derecho a tener un mal día, y que luchar contra este malestar no va a provocar que mejore. Esta estrategia tampoco es válida cuando el malestar se extiende más allá de un día y se convierte en una dinámica habitual. No es la primera vez que en consulta los psicólogos nos encontramos pacientes que atraviesan períodos complicados de sus vidas y cuya estrategia de afrontamiento consiste en no permitirse parar para encontrar qué está fallando en su vida.
Lo primero que debemos hacer cuando experimentemos uno de estos días es aceptar que no todos los días pueden ser buenos. No podemos estar siempre al 100% ni esperar que no nos surjan complicaciones inesperadas. Ahora bien, no debemos aprovechar un día malo como excusa para justificar un mal comportamiento con la gente que nos rodea. Una estrategia más adaptativa sería poner en marcha una serie de conductas para hacer estos días menos incómodos, siempre y cuando las exigencias de nuestra rutina diaria ya estén satisfechas (trabajo, actividades obligatorias, hijos…)
Por ello, os dejo a continuación una lista con varias ideas que podéis poner en práctica cuando os encontréis en una situación de este tipo:
- Aceptar que no todos los días pueden ser buenos e integrar este pensamiento: Como hablamos a lo largo del artículo, comprender que no siempre tenemos que estar bien nos puede ayudar a manejar la situación desde la comprensión y la aceptación. Esto es clave para afrontar los momentos complicados de nuestra vida.
- Comunicar a nuestro entorno cómo nos sentimos: Si la gente que nos rodea conoce nuestro estado emocional, les será más fácil comunicarse con nosotros desde una posición de entendimiento, y además evitará posibles malentendidos.
- Trabajar nuestros pensamientos repetitivos: Lo peor que podemos hacer cuando atravesamos un mal día es darle vueltas continuamente a lo mal que nos está yendo todo. Comprender que los pensamientos automáticos no tienen por qué ser verdad y aprender a rechazarlos forma parte de una correcta estrategia de afrontamiento. Para ello, desde la psicología, enseñamos técnicas para generar pensamientos más adaptativos y coherentes con la realidad.
- Cambiar nuestro foco atencional con actividades que nos gusten: Mantener nuestra mente ocupada siempre será una buena idea en estos casos. Si llevamos a cabo actividades placenteras para nosotros como pueden ser pasear, leer, meditar o disfrutar de una película, nos será más fácil evadirnos del malestar. Recuerda que para conseguir llevar a cabo un cambio de foco atencional adecuado, primero sería importante aprender a manejar nuestras rumiaciones como hemos comentado en el apartado anterior.
- Si nos sentimos sobrepasados, debemos recordar que podemos llevar a cabo ejercicios relacionados con la respiración consciente y la relajación: Está demostrado que la ansiedad se ve reducida cuando practicamos este tipo de tareas, por lo que incluirlas en nuestro “kit de rescate” es siempre una buena idea.
Con estas ideas y una buena gestión general de las situaciones de estrés podemos hacer más sencillo el paso de estos días. Aun así, no podemos olvidar que, si una de estas malas rachas parece no terminar y se convierte en nuestro día a día, deberíamos plantearnos qué está fallando y si necesitamos ayuda profesional para salir de ella.
Espero que esto os sirva de apoyo si atravesáis un momento difícil. No olvidéis que los psicólogos siempre estamos al otro lado dispuestos a ayudaros en lo que necesitéis.
Marta Rubio
