Si buscamos el origen de la palabra empatía vemos que deriva del término griego empátheia y hace referencia a “sentir dentro” y “lo que se siente”. Ya los griegos entendían que hay algo que nos empuja a entender las emociones de los demás y a ponernos en su lugar, y ese algo ha perdurado hasta nuestros días, donde definimos la empatía como la capacidad de identificar y entender cómo se sienten los demás, y cómo podemos ponernos en sus zapatos. Así, la empatía nos ayuda a comprender esa “vida emocional” tan compleja que tenemos todos, haciéndonos más fáciles las relaciones sociales.

Cuando hablamos de empatía, por otra parte, no necesariamente tenemos que compartir exactamente las opiniones y pensamientos que justifiquen el estado o reacción emocional que expresa la otra persona. No tenemos ni tan siquiera que estar de acuerdo con cómo está interpretando las situaciones o la carga afectiva que está sintiendo. Cuando hablamos de ser empáticos nos referimos a ser capaces de, a través de lo que nos comunican, entender cómo y por qué se siente así la otra persona.

La empatía es una de las competencias sociales más importantes a tener en cuenta a lo largo de nuestra vida, y forma parte de eso que llamamos “inteligencia emocional”. Una persona con una inteligencia emocional competente manejará de manera fluída la asertividad, la empatía y será resiliente; también trabajará su comunicación emocional y dará espacio a sus necesidades. No está de más saber que la empatía bien llevada a la práctica nos ayudará a no impregnarnos en exceso del malestar de lo demás, permitiéndonos acompañar sin tener que sufrir exactamente lo mismo que ellos.

Componentes de la empatía

Con todo lo anterior, podemos pensar ahora: ¿cuáles son los componentes de la empatía?, ¿soy empático/a?, ¿lo estoy haciendo bien?. La empatía tiene principalmente cuatro componentes clave que serían la escucha activa, saber interpretar el lenguaje no verbal, mostrar nuestra comprensión y ofrecer apoyo emocional si la otra persona lo necesita. A continuación vamos a explicarlos más en profundidad:

  1. Saber escuchar: En este apartado no hablamos sólo de oír; tendremos que prestar atención a lo que nos cuenta la otra persona y a sus argumentos, tratando de no interrumpirla y observando su lenguaje no verbal. Si una amiga te cuenta que está contenta, y la notas rígida y decaída, quizás sea el momento de darnos cuenta de cuál es su estado emocional real. Otra cosa a tener en cuenta podría ser mirar a los ojos, para hacer saber que estamos haciendo una escucha activa y acompañar nuestra atención con preguntas o afirmaciones.
  2. Interpretar las señales no verbales: El tono de voz, la cara o las expresiones faciales pueden hacernos más fácil la comprensión emocional de los demás. Recuerda siempre que el lenguaje no verbal nos ofrece la información que las palabras no nos pueden dar.
  3. Mostrar comprensión: Si queremos ser empáticos y mostrar empatía debemos recordar que las personas empáticas no juzgan, rechazan o invalidan las emociones de las otras personas, sino que se encargan de mostrarse comprensivos y solícitos. Un recurso muy útil para mostrar comprensión es el uso de frases de apoyo y acompañamiento, como éstas que os dejo a continuación: "entiendo lo que me dices”, “es normal que te sientas así” ,“me imagino como lo has pasado”, “es comprensible que tengas miedo”, “yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo”...
  4. Prestar ayuda emocional si es necesario: Por último no debemos olvidarnos de preguntar a la otra persona si necesita algún tipo de ayuda. Lo normal es que con hacer sentir escuchados y atendidos a los demás sea suficiente, pero en ocasiones puede ser necesario ir un paso más allá. Si hemos pasado por algo parecido a lo que nos cuentan, normalmente seremos de más ayuda y acompañaremos mejor desde el entendimiento de la vivencia.


La empatía es, al final del día, esa cualidad que nos hace tan humanos y que nos ayuda a ser nuestra mejor versión. Trabajar para mejorarla o simplemente tomar conciencia de cómo nos afecta el ser más o menos empáticos, es un punto de partida estupendo para mejorar nuestra inteligencia emocional.

Y tú, ¿eres empático/a?

 


Marta Rubio