Madre mía... la de tiempo que hace que no pasaba por aquí y la de cosas que han cambiado. ¿Os apetece reconectar? ¡Vamos a ponernos al día!
En este momento siento que la Psicología ha cambiado desde la última vez que me plantee escribir un artículo.
El perfil de paciente ha evolucionado a niveles que a veces me hacen cuestionar cómo se está entendiendo la terapia en redes sociales. Hemos desconectado de la importancia de responsabilizarnos sobre nuestro proceso terapéutico y muchas personas no entienden que acudir a consulta es solo un primer paso, que luego nos toca seguir en casa. Es un proceso. Qué importante entender que la Psicología no es únicamente un desahogo emocional.
Dar el paso de construirnos dentro de nuestros procesos terapéuticos es algo maravilloso que hoy en día no todos los pacientes entienden.
Por eso, quizá ahora más que nunca, es necesario volver a poner en valor qué significa realmente hacer terapia. No como un espacio donde “me cuentan cosas” o donde simplemente me siento mejor durante una hora, sino como un compromiso activo con uno mismo.
La terapia no ocurre solo en consulta. Ocurre en las decisiones incómodas, en los límites que cuestan, en los hábitos que se construyen poco a poco y en la capacidad de sostenernos también fuera de ese espacio seguro. Ahí es donde realmente se produce el cambio.
Entender esto no resta valor al proceso terapéutico, todo lo contrario: lo dignifica. Porque implica asumir un papel protagonista en nuestra propia vida, dejando de delegar completamente en el profesional.
Construirnos dentro de nuestros procesos terapéuticos es, en esencia, un acto de responsabilidad y de valentía. Y quizá el verdadero reto hoy no sea acceder a terapia, sino implicarnos de verdad en ella.
